La IA crea valor. Las super apps podrían capturarlo.
Desde la explosión de la inteligencia artificial generativa, una gran parte de las inversiones tecnológicas se concentra en los modelos de IA, las infraestructuras de cálculo y las aplicaciones especializadas. Sin embargo, algunos observadores del sector estiman que la verdadera batalla de los próximos quince años podría jugarse en otra parte: a nivel de las plataformas capaces de integrar estas tecnologías en el día a día de cientos de millones de usuarios.
La historia reciente de lo digital muestra en efecto que las empresas que crean una innovación no son siempre las que capturan la mayor parte del valor económico.
Internet revolucionó el comercio, los medios y la comunicación. Y sin embargo, los principales ganadores no fueron los fabricantes de cables ni los proveedores de acceso, sino plataformas como Google, Amazon, Apple o Meta, que lograron convertirse en la interfaz privilegiada entre la tecnología y el usuario.
Para algunos analistas, la inteligencia artificial podría seguir una trayectoria similar.
Una tecnología potente pero progresivamente accesible
La inteligencia artificial ya está transformando numerosos sectores.
Permite automatizar tareas administrativas, mejorar el servicio al cliente, generar contenido, analizar datos complejos o incluso personalizar la experiencia del usuario.
Pero a medida que los modelos se democratizan, la diferenciación puramente tecnológica podría volverse más difícil de mantener.
OpenAI, Google, Anthropic, Meta o incluso Mistral desarrollan soluciones cada vez más eficientes. Al mismo tiempo, el acceso a estas tecnologías se vuelve progresivamente más sencillo gracias a las API, a los modelos open source y a las plataformas cloud.
En este contexto, la cuestión se desplaza.
El valor ya no residiría únicamente en la inteligencia artificial en sí, sino en la capacidad de integrarla en servicios utilizados a diario.
El auge del modelo "super app"
El concepto de super app no es nuevo.
El mejor ejemplo sigue siendo WeChat en China.
Inicialmente concebida como un simple servicio de mensajería, la aplicación permite hoy comunicarse, pagar, reservar servicios, pedir productos o incluso interactuar con administraciones.
Esta concentración de usos en una sola interfaz ha modificado profundamente los hábitos digitales de cientos de millones de usuarios.
Otros actores siguen una estrategia similar.
En Europa, Revolut amplía progresivamente sus servicios más allá del pago. En Estados Unidos, PayPal, Block o incluso Cash App buscan igualmente convertirse en plataformas completas en lugar de simples herramientas transaccionales.
El objetivo es claro: multiplicar los usos para aumentar la frecuencia de interacción con el usuario.
Cuanto más se utiliza una aplicación, más datos, oportunidades comerciales y puntos de entrada dispone para integrar nuevas tecnologías.
Por qué los servicios financieros ocupan una posición estratégica
El sector financiero presenta una particularidad importante.
El dinero está presente en casi todas las actividades económicas.
Ya se trate de comprar, vender, ahorrar, invertir o transferir fondos, los servicios financieros constituyen a menudo el punto de encuentro entre varios usos digitales.
Esta posición central explica por qué numerosas empresas tecnológicas buscan desarrollar sus propias soluciones de pago.
Apple dispone de Apple Pay.
Google desarrolla Google Wallet.
Tencent se apoya en WeChat Pay.
Elon Musk menciona regularmente su ambición de transformar X en una plataforma financiera completa.
Para estos actores, el pago no es solamente un servicio adicional. Constituye un medio de anclar duraderamente al usuario en un ecosistema.
La IA como motor invisible
En este escenario, la inteligencia artificial no desaparece.
Al contrario, se vuelve omnipresente.
Pero su rol evoluciona.
Actúa en segundo plano para mejorar la experiencia del usuario.
Un asistente financiero capaz de explicar un gasto.
Un motor de recomendación que propone ofertas pertinentes.
Una detección de fraude en tiempo real.
Un soporte cliente disponible de forma permanente.
Todas estas funcionalidades pueden integrarse directamente dentro de una super app sin que el usuario sea necesariamente consciente de la tecnología subyacente.
El valor percibido reposa entonces menos sobre la IA en sí que sobre el servicio prestado.
¿Una batalla entre plataformas más que entre tecnologías?
Varios expertos consideran que la próxima década podría oponer dos visiones de lo digital.
Por un lado, actores especializados en inteligencia artificial que buscan suministrar los mejores modelos.
Por el otro, plataformas capaces de integrar estos modelos en usos concretos y cotidianos.
El enjeu ya no sería solo disponer de la mejor tecnología, sino controlar la relación con el usuario final.
En esta perspectiva, las super apps aparecen como candidatas serias para captar una parte importante del valor creado por la inteligencia artificial.
Queda por saber si los mercados occidentales adoptarán este modelo con la misma intensidad que Asia.
No obstante, una cosa parece cierta: a medida que la IA se vuelve más accesible, la batalla por la atención, el uso diario y la fidelidad de los usuarios podría convertirse en el verdadero terreno de competencia.
Y en esta batalla, las plataformas que reúnen pagos, comunicación, comercio y servicios digitales podrían disponer de una ventaja decisiva.