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Tras la inteligencia artificial, ¿será la próxima revolución la de la soberanía digital?

Tras la inteligencia artificial, ¿será la próxima revolución la de la soberanía digital?

Análisis

La inteligencia artificial se impone hoy como el tema ineludible de los debates económicos. Desde los consejos de administración hasta las salas de mercado, pasando por las conferencias de inversores, parece imponerse una convicción: la IA redefinirá las reglas del juego en casi todos los sectores.

En este contexto, el Club Saint-Alex organizó recientemente una conferencia que reunió, entre otros, a Philippe Setbon y Gabriel Manceau. Durante más de una hora, las discusiones giraron en torno a los grandes equilibrios económicos mundiales, el futuro del dólar estadounidense y el creciente impacto de la inteligencia artificial en los mercados financieros.

Una observación se impuso rápidamente: la IA ya no es solo una herramienta de ayuda a la decisión. Para muchos observadores, podría convertirse mañana en uno de los principales motores de la inversión, la asignación de activos y la creación de valor.

Una pregunta que marcó los intercambios

Presente en la sala, Johan Decottignies, fundador de OZAPAY, quiso aportar otra perspectiva formulando una pregunta a los ponentes:

«¿Creen que podría existir, algún día, una innovación aún más importante que la inteligencia artificial?»

La respuesta fue inmediata.

No.

Para los ponentes, ninguna tecnología actualmente identificable parece capaz de superar el impacto de la inteligencia artificial en la economía mundial.

Una respuesta que refleja el sentimiento dominante del momento.

¿Y si el verdadero cambio estuviera en otra parte?

Sin embargo, una vez finalizada la conferencia, surge otra reflexión.

La historia de la tecnología muestra que las mayores revoluciones no son siempre las que anticipamos.

Internet no solo aceleró la circulación de la información: transformó las relaciones de poder.

El smartphone no únicamente simplificó nuestro día a día: modificó profundamente nuestros hábitos.

La inteligencia artificial, por su parte, automatiza progresivamente el análisis, la creación y la toma de decisiones.

Pero una pregunta esencial sigue estando ampliamente ausente de los debates:

¿Quién controla los datos que alimentan estas inteligencias?

Porque detrás de cada modelo de IA se esconden miles de millones de datos personales, profesionales y financieros pertenecientes a los usuarios.

A medida que avanzan las capacidades de la inteligencia artificial, la cuestión del control de estos datos se convierte en un enjeu estratégico.

La próxima revolución podría ser la de la soberanía digital

¿Y si la innovación mayor de la próxima década no fuera una inteligencia artificial aún más potente, sino un cambio de paradigma?

Aquel en el que los individuos retoman realmente posesión de sus datos, de su identidad digital y de su patrimonio financiero.

Esta visión se basa en un principio simple: permitir a los usuarios seguir siendo propietarios de sus activos digitales en lugar de confiarlos sistemáticamente a plataformas centralizadas.

En esta lógica, la soberanía digital no se opone a la inteligencia artificial.

Constituye quizá su complemento indispensable.

Una IA potente no garantiza la libertad de sus usuarios.

En cambio, una IA desarrollada en un ecosistema donde cada uno conserva el control de sus datos abre nuevas perspectivas, más equilibradas y más resilientes.

Una tendencia que va mucho más allá del universo de las criptomonedas

Esta reflexión no concierne únicamente a las finanzas descentralizadas o a los activos digitales.

También afecta a la identidad digital, la protección de la vida privada, las infraestructuras de pago, las redes sociales, las mensajerías o incluso los futuros servicios públicos digitales.

En todas partes, aparece la misma interrogante:

¿Seguirán siendo los usuarios simples consumidores de servicios digitales, o volverán a ser propietarios de su identidad, de sus datos y de su dinero?

El verdadero enjeu de los próximos diez años

La inteligencia artificial seguirá, sin ninguna duda, transformando nuestras economías.

Pero la pregunta que podría volverse igual de importante es la de la gobernanza.

¿Quién controla los datos?

¿Quién controla las infraestructuras?

¿Quién controla los activos digitales?

En otras palabras, la próxima revolución quizá no sea la de la inteligencia artificial en sí misma.

Podría ser la de la soberanía digital, donde la tecnología ya no se limitará a ser cada vez más inteligente, sino que permitirá por fin a los usuarios retomar el control de lo que les pertenece.

A medida que la IA avanza, esta cuestión podría convertirse en uno de los grandes debates tecnológicos, económicos y sociales de la próxima década.

Por Johan Decottignies

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